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Nike versus Bata

 

Tras el éxito que supuso la biografía Nascimento: editor de los chilenos (2013), Felipe Reyes (Santiago, 1977) regresa a la novela con Corte. El relato es sencillo: en una cancha de fútbol ubicada en una población, dos individuos se baten a duelo con cuchillos. Los motivos de la pelea son difusos y solo los discursos de los personajes, trabajados por medio de la corriente de la conciencia, permiten encontrar los motivos. A su vez, en el texto aparecen una serie de fotografías que complementan el discurso narrativo, además de ser momentos en la lectura que posibilitan visualizar los espacios en que la violencia social y política de la pobreza toma cuerpo, pero también como recordatorio que esos espacios y sujetos son parte de nosotros.

Es fundamental en el relato el trabajo estético que realiza Reyes sobre la marginalidad. Los dos personajes son habitantes de una misma villa de la periferia santiaguina, sin parques, ni plazas, cubiertas de polvo y cemento, atravesada por cables eléctricos con zapatillas colgando, con microtraficantes en sus esquinas, con trabajadores tercerizados regresando de sus miserables trabajos, con cabros chicos fuera del sistema escolar y adolescentes embarazadas. Aunque son parte del mismo espacio social, los dos personajes tienen diferentes experiencias.

Esa diferencia marca el quiebre social y político dentro de la novela. Lalo nació junto a la toma de la población, en los sesenta. Supo de los esfuerzos de su familia y vecinos para levantar la toma y para luchar por la UP. Toño es parte de la población neoliberal, sucumbida a la globalización publicitaria de los medios de comunicación, a las fantasías de la industria cultural, atrapada bajo la delincuencia y el narcotráfico.

La lucha a cuchillos de ambos es parte de una simbolización arraigada en el quiebre fundacional de la dictadura. Ambos personajes son parte del mundo delincuencial que nació a finales de los setenta, cuyo origen se remonta a las políticas de shock neoliberales, la crisis de los ochenta y la precarización laboral. Es lo que pasó con el padre de Lalo, por lo cual su hermano mayor comenzó a delinquir en el centro de Santiago y quien, finalmente, lo llevará al hampa. A su vez, Toño vive con su abuela, ya que su madre por razones económicas ha emigrado al norte. Así, el contacto cotidiano con sus amigos lo llevará a ingresar al narcotráfico.

Las experiencias individuales de estos personajes confluyen en la pelea y permite a Reyes delinear de qué manera la marginalidad no es una excepción fuera del orden neoliberal chileno, sino que es su producto. La pelea a muerte entre ambos personajes solo representa la enajenación social que impide a estos sentirse como un igual. Y la lucha es un enfrentamiento por la transformación de los valores propios de la marginalidad. Lalo como el portador de una vaga ética delincuencial que portaba el lanza, el mechero o el choro, de cierto respeto hacia los mayores y experimentados, el respeto hacia el barrio. Mientras Toño y, sobre todo, sus amigos, los flaites, sin ética que los una más que luchar casi por aburrimiento, por desdén, porque no hay más qué hacer.

La importancia de Corte para la narrativa chilena actual es dar cuenta de los quiebres sociales del capitalismo chileno desde la marginalidad. En este caso, Felipe Reyes reconstruye una narrativa social, ya presente en su primera novela Migrantes (2014), que ha sido olvidada por las nuevas tendencias narrativas, más cercanas a la cultura pop globalizada, el intimismo, a las pequeñas anécdotas subjetivas o a la crónica periodística. Por otro lado, este olvido de la narrativa naciente es parte de un olvido mayor: la ausencia de una reflexión estética del lugar de la mujer dentro del mundo de la pobreza. Solo algunas novelas de Marta Brunet, por ejemplo, en Bestia dañina (1926), permiten dibujar cómo es la vida femenina en la pobreza. En la tradición narrativa sobre la marginalidad, las mujeres quedan relegadas a momentos secundarios, como si los efectos sociales del capitalismo solo tuvieran consecuencias para los hombres. La mujer pobre dentro de la marginalidad neoliberal es un tema ausente en la novela chilena actual

Así, en Corte las referencias a los viejos clásicos chilenos marca una recuperación estética que se une al proyecto literario de Manuel Rojas o Nicomedes Guzmán, el cual consistía en interpretar las luchas sociales desde una perspectiva crítica y desde los pobres y los trabajadores. Narrativa social que ya comenzaba a declinar en los sesenta y que el golpe militar terminó de silenciar, rompiendo la posibilidad de construir una tradición narrativa chilena que no existe, y que Felipe Reyes busca reactualizar para su proyecto literario con la intención de pensar los fenómenos sociales y políticos que estamos atravesando.

Esta pequeña novela, tan parecida al esfuerzo de Nicomedes Guzmán en Los hombres obscuros (1939), busca pensar los problemas sociales que afectan el mundo de la pobreza y los efectos que el neoliberalismo ha desencadenado dentro de la población chilena. A diferencia de Pablo y su conventillo en la novela de Guzmán, en Corte, Lalo, Toño y la villa no tienen la posibilidad de avizorar un futuro que cambie radicalmente sus vidas. Si el primero tenía la esperanza que en la militancia comunista había un camino para una política anticapitalista; para los segundos solo les queda resistir la violencia económica neoliberal.

 

Por Suzanne Castelli


 

Corte

Felipe Reyes

Santiago: La calabaza del diablo, 2015

89 págs.

 

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