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El gran salto de El violinista en el tejado

El violinista en el tejado es un musical estadounidense de 1964, ganador de 10 premios Tony, importantísimos galardones del teatro de ese país, específicamente para obras representadas en los teatros de Broadway en Nueva York. La música es de Jerry Bock, las letras de Sheldon Harnick, y el libreto de Joseph Stein. Basado en el cuento Tevye y sus hijas de Sholem Aleijem, el relato se ambienta en la “zona de asentamiento” del Imperio Ruso –región fronteriza occidental donde el establecimiento de judíos estaba permitido–- alrededor del año 1905. Este cuento épico, sobre expulsión y búsqueda de una tierra amable que habitar, algo que se actualiza hoy con las situaciones migratorias de Chile y Latinoamérica, se presenta desde el 21 de abril hasta el 5 de junio 2022 en el Teatro Municipal de Las Condes (TMLC) con un elenco de 25 actores y actrices nacionales sobre el escenario.

La obra transcurre en el pueblo ficticio de Anatevka, donde la tradición, judía en este caso, es lo más importante. De hecho, se dice que la obra se llama así por un cuadro del pintor ruso de origen judío, Marc Chagall, en que se ve un violinista sobre un tejado. Este cuadro sirve como metáfora de la dificultad de mantener a flote estas tradiciones del pueblo, en tiempos de transición moderna y despojo. El protagonista entonces, no es el violinista como uno podría llegar a pensar, sino Tevye. Tevye, en esta versión interpretado hermosa e impecablemente por Daniel Muñoz, es un lechero del pueblo que intenta mantener las tradiciones mientras sus tres hijas mayores, que desean casarse por amor, lo ponen en situaciones complicadas y cómicas. Al mismo tiempo, fuerzas militares y políticas externas irrumpen en la vida de todo el pueblo. 

Una de las características que ha definido al TMLC, debido a su proporción y equipamiento técnico, es la presentación de musicales de origen extranjero con enormes producciones chilenas que intentan acercarse al teatro producido en Broadway. Antes de la pandemia, presencié en el TMLC Fiebre de Sábado por la Noche, Mamma Mía! y Billy Elliot, y me parece que, en ese orden, estos musicales fueron mostrando una mejora en lo profesional, pero sin llegar nunca a dejarnos totalmente satisfechos como espectadores especializados. Siempre había algo que parecía incompleto, fuera el diseño escenográfico o las habilidades necesarias dentro del género de los musicales que debían alcanzar los y las intérpretes. En muchos casos, especialmente en los papeles protagónicos, el tipo de actuación, el baile o el canto, parecía quedarles grande, a pesar del gran esfuerzo y dedicación puestos en el rol.  

Foto del elenco de El Violinista en el Tejado, extraída del Programa de Sala del TMLC

Mi teoría, en realidad ya comprobada, es que, en la selección de muchos de los y las intérpretes, los productores los elegían no por sus habilidades profesionales en actuación teatral, danza o canto, sino por su belleza y/o fama en los medios masivos. Esto sucede para lograr la venta de entradas en un país en que no es fácil llenar funciones, menos con entradas de más de 12.000 pesos, y teniendo la imperiosa necesidad de recuperar la plata invertida en los millonarios derechos de estos musicales, además del buen pago a los trabajadores. Este fenómeno en el casting lo he visto solo en las producciones del TMLC, tal vez por el tipo de público al que apunta, que no lo guía la cultura pobre teatral chilena, sino la de la farándula más adinerada. En otras grandes producciones musicales como La pérgola de las flores en GAM, por ejemplo, o musicales brechtianos, se han hecho elecciones de intérpretes que demuestran un nivel musical y teatral apropiado, mucho antes que su popularidad en la televisión.

Esta vez, luego de la pandemia y de vuelta al teatro presencial, El Violinista en el Tejado ha dado un gran salto en lo profesional, para alcanzar el de los musicales al estilo Broadway. Al fin los efectos, el canto, las coreografías y las actuaciones se encuentran a un mismo y alto nivel, el que atraviesa enérgicamente todos los cuerpos que pisan el escenario. La producción por fin a elegido a partir de las habilidades y no únicamente por la fama. Así, la incomodidad que se sentía porque el o la protagonista o algún personaje secundario no fuera a alcanzar una nota, cambió por la adrenalínica sensación de peligrosidad teatral, propia de coreografías complejas y bien ejecutadas o de coros y solos cantados con carácter y emoción. 

Este hermoso y profesional despliegue de trabajo y energía teatral, en manos de Ramón Gutiérrez en la dirección general, Phelix Williamson en la dirección de actores, Gonzalo Beltrán como coreógrafo y Francisco Kamei en la dirección vocal, hace pensar que en este equipo de dirección hubo entendimiento, diálogo y decisiones arriesgadas que terminaron siendo las correctas. Una de las más comentadas es la traducción del texto a un lenguaje chileno, donde el modo de habla de cada personaje nos hace, como público nacional, entender el tono popular con el que se debe haber escrito la obra en su original. En este sentido no puedo evitar destacar el estupendo trabajo vocal en la forma de hablar que desplegó Ignacia Agüero en el personaje de Yente, impecable y sumamente cómico. 

Este hermoso y profesional despliegue de trabajo y energía teatral, en manos de Ramón Gutiérrez en la dirección general, Phelix Williamson en la dirección de actores, Gonzalo Beltrán como coreógrafo y Francisco Kamei en la dirección vocal, hace pensar que en este equipo de dirección hubo entendimiento, diálogo y decisiones arriesgadas que terminaron siendo las correctas.

Otra de las decisiones correctas de parte de dirección fue justamente este: el tipo de humor. Se deduce que en el libreto original existe una especie de comicidad simple, muy bien estructurada en escena respecto a la actuación, tiempos e iluminación en los momentos de decisiones esenciales para Tevye y sus hijas. Sin embargo, a esta clase de humor le agregaron una esencia absurda que nunca había visto ostentada en grandes coreografías, por lo general más “correctas”. Me parece que Gonzalo Beltrán se lució aprovechando el virtuosismo de los bailarines no para mostrar única y exclusivamente ese mismo virtuosismo, sino que permitió que los movimientos ridículos entraran con disfrute en los cuerpos, para exponer coreografías que en sí mismas provocaban risas estruendosas. En este ámbito destaco, por un lado, el movimiento de brazos y el tono absurdo de las sonrisas cada vez que decían “Mazel Tov” y, por otro, la gran escena del sueño, tremendamente cómica, a lo que se suma el uso poco elegante (y por lo mismo muy bien usado) del arnés que hace volar bruscamente a una novia fantasma sobre el escenario. 

La escenificación chilena con orquesta en vivo, de este gran musical del que proviene la conocida canción “Si yo fuera rico” (que creo haber conocido únicamente porque 31 minutos la hizo famosa en su versión) es el mejor musical que he visto en el TMLC. La universalidad y profundidad del tema de la diáspora judía y las tradiciones cambiantes se vuelve transversal en tiempos de diásporas centroamericanas en nuestro país, movimientos humanos y múltiples encuentros con culturas que son la misma, pero a la vez tan diferentes. Agradezco a mi amiga Florencia Arenas, quien interpreta tiernamente a la hija mayor, Tzeitel junto a su amado Motel, encarnado con docilidad por Francisco Dañobeitía, por invitarme al pre-estreno de este maravilloso trabajo.

Para finalizar, quisiera recurrir a las palabras de la actriz Bernardita Nassar, que interpreta a Chava, otra de las hijas de Tevye. Como palestina, ella escribió un pequeño texto publicado en un post de Instagram del 23 de abril, explicando el conflicto interno y familiar que le significó ser parte de esta obra de trasfondo judío, pero que concluye abrazando el problema humano de fondo que refleja este relato: “Que esta historia nos haga reflexionar de nuestros patrones como humanidad, para que seamos más tolerantes, y que en este tejado inestable, podamos convivir en paz”.

Foto de afiche de la página https://www.tmlascondes.cl/

Temporada: de jueves a domingo, desde el 21 de abril 2022 al 5 de junio 2022


Ficha artística

Equipo de Dirección: Dirección de actores: Phelix Williamson |Dirección general: Ramón Gutiérrez | Dirección vocal: Francisco Kamei |Coreógrafo: Gonzalo Beltrán | Dirección orquesta: Sebastián Espinosa

Elenco de actores: Daniel Muñoz, Sara Pantoja, Francisco Dañobeitía, Florencia Arenas, José Antonio Raffo, María Pedrique, Daniel Recabarren, Bernardita Nassar, Jocelyn Barrios, Valentina Nassar, Claudio Ravanal, Ignacia Agüero, Josefina Bunster, Mario Avillo, Carlos Fuentealba, Tomás Riveros, César Avendaño, Jonathan Flores, Rodrigo Arévalo, Nibaldo Manríquez, Giovanna Rossi, Brian Montenegro, Pablo Cavieres, Carla Baeza.

Equipo de producción: ProduccióngGeneral: Darshan Teatro | Dirección artística: María Pedrique | Asistencia de producción artística: Gabriel De Ferrari, Benjamín Gallardo | Producción ejecutiva: Magdalena Bulnes | Asistencia de producción ejecutiva: Pedro Pedrique, Marisela Salazar, María Paz Bulnes.

Equipo de Arte: Diseño de vestuario: Andrea Contreras | Diseño de iluminación: Ricardo Romero, Javier Pávez |Diseño de visuales: Ina |Elaboración de visuales: Ina, Trinidad Montalbán |Diseño de escenografía: Francisca Inda | Diseño de caracterización: Margarita Nilo | Diseño sonoro: Jorge Abarca | Maquilladora en funciones: Lillith Palacios | Realizadores de vestuario: Javiera Labbé, José Vergara, Andrea Mourgues, Althia Cereceda, Reiko Tsukame, Carmen Rojas | Realizadores de escenografía y utilería: Amor Escénico, Francisco Sandoval | Camarinera: Ivonne Ruíz |Stage Manager: Phelix Williamson | Efectos especiales y vuelos: IG&A (Inda Goycoolea & Asociados) | Director de vuelos: Carlos Mangas-Vásquez | Pianista Correpetidor: Davis Rojas, Pedro Urrutia | Tramoya: Felipe Valenzuela | Asesoría Musical y actoral: Carlos Cajiao, Mariel Castro | Monitores: Leandra Cabello

Orquesta: Cello: Jacinta Reyes, Eduardo Cáceres |Clarinete: Melissa Osses | Contrabajo: Daniza Vilches | Corno: Constanza Lambert |Flauta: Nicole Barrido, Antonia Valderrama |Percusión: Andrés Reyes |Piano: David Rojas | Trombón: Matías Ascui | Trompeta: Hermes Quintanilla | Viola: Laura Suau, Jerson Barría | Violín: Matías Rodríguez, Daniela Antipan, Cristóbal Silva, Nazaret Beroiza, Drachen Quintanilla | Coro: Abigaíl Hernández, María Angélica Mena, Jaime Barraza, Roberto Díaz.

Licencia El Violinista en el Tejado: Music Theatre International

Traducción Original: Ramón Gutiérrez, María Pedrique

Cristóbal es Licenciado en Letras Hispánicas de la UC y actor. Colecciona torsos masculinos en Flickr, es escritor y come huevo revuelto cada mañana.

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