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El nuevo carnaval que llega a las tablas

Con el tiempo mis percepciones sobre la obra Carnaval, de la dramaturga y actriz Trinidad González, han ido cambiando. Durante el transcurso de la obra y cuando salí de la sala sentí una mezcla de sobrecogimiento y aceleración que atribuí primeramente al concepto de carnaval: la inversión de los roles, la ausencia de reglas, el desorden, etc. Pero un par de semanas después he podido nombrar de forma más específica aquellas cosas de la obra que me hicieron sentir esas emociones.

Pensar en Carnaval ha sido como olas de sensaciones y pensamientos que vienen y van de manera irregular. Parte de ese oleaje fue concebir la obra no como un conjunto de historias hiladas de una forma genial e interesante. Sino más bien anécdotas, historias, ejemplos, secuencias que funcionan casi como un ensayo para pensar en los lenguajes y las formas que tiene el dolor. Un dolor que se encarna a través de niños apátridas, de borrachos analfabetos discutiendo sobre la educación y el trabajo, el amor y la falta del mismo en situación de calle, el baile, las lágrimas, las risas y la música.

Además de todo esto la obra le hace honor a su título. Dos de las carnavalizaciones que me llamaron la atención fueron en primer lugar la música. Durante las dos horas, más menos, que dura la función la música funciona como un catalizador de emociones. No por la correcta elección musical, sino también porque la música sucede en escena y es producida por todos los mismo actores (Trinidad González, Matteo Citarella, Tomás González) que van rotándose para hacerlo. En segundo lugar, la inversión de los roles: esta es una característica clave para la definición y comprensión del carnaval. Este tratamiento se lleva a cabo a través de la representación de los niños de una forma crudísima y sin censura, abandonando la eterna infantilización de los pesares de los niños. Produce en el espectador una sensación de incomodidad necesaria para poder sentir empatía real y no solamente lástima. De esta forma se conjuga la actuación, la música y una humilde, pero precisa, escenografía para crear un carnaval del dolor.

Carnaval será montada nuevamente en el marco del Festival Santiago a Mil durante el mes de enero.

Dramaturgia y dirección Trinidad González | Actores Matteo Citarella, Tomás González, Trinidad González | Música Tomás González | Diseño de iluminación Nicole Needham | Diseño de escenografía y vestuario Martina Citarella y equipo Carnaval

Olivia es creyente fiel de los oficios. Mutar a vegetal es un anhelo. Actualmente está aprendiendo a hacer libros.

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