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Edrimael y sus pasos hacia LaBoriVogue en Puerto Rico

Edrimael Delgado Reyes es un artista interdisciplinario y bailarín localizado en San Juan, Puerto Rico. Obtuvo gran parte de su entrenamiento en la danza colaborando con PISO proyecto, un grupo de danza experimental liderado por Noemí Segarra, y también estudiando en la Escuela de Ballet de San Juan. Además, cuenta con años de entrenamiento como artista visual y plástico, habiendo estudiado en la Escuela Central de Artes Visuales y en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño, ambas en San Juan. Actualmente, está completando su bachillerato en Estudios Urbanos y del Performance en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. 

En el tiempo tras el desastroso huracán María (2017), la práctica artística de Edrimael se ha ido desarrollando hasta desembocar en la creación de LaBoriVogue ––Laboratoria Boricua de Vogue–– la primera casa de ballroom en Puerto Rico. LaBoriVogue es un espacio comunitario de arte y resistencia, donde personas de la comunidad LGBTTQI pueden expresarse libremente a través de sus cuerpas en un espacio seguro de aprendizaje y apoyo mutuo. Enmarcades dentro del contexto queer internacional del Vogue, LaBoriVogue desarrolla lazos entre la cultura queer puertorriqueña y aspectos de la cultura queer a nivel global. A la vez, le dan su propia vuelta al asunto, al estar profundamente enraizades en la experiencia particular de ser queer en Puerto Rico y el Caribe. Más allá de ser artista y bailarín, Edrimael se ha convertido, con este proyecto, en gestor de un espacio cultural que, aunque incipiente, se hace cada vez más importante dentro de esta escena contestataria del Puerto Rico de hoy. 
A principios de septiembre me senté con Edrimael en la terraza de su apartamento para hablar sobre lo que está sucediendo con LaBoriVogue. Aunque lo considero mi amigo, las realidades de vivir en la diáspora me habían impedido verlo en persona desde 2017. Al llegar a la dirección que me proveyó, reconocí su apartamento pues ostentaba la única bandera de pride en la calle. Edrimael me sorprendió cocinándome almuerzo. La entrevista se convirtió, así, en un espacio íntimo y ameno de conspiraciones y disparos de la imaginación. Aquí les comparto lo que más destacó de las casi cuatro horas que pasamos juntos.

1. Cuéntanos un poco sobre la escena del Ballroom en Puerto Rico. ¿Cómo la comparas con la escena en otros países? ¿Se te ocurre algún distintivo?

La escena del ballroom en PR (Puerto Rico) es relativamente reciente y nueva. La puedo comparar porque fuimos a México recientemente y hay algunas cosas que se comienzan a configurar como características. Pero sí, nosotres empezamos el año pasado, así que todavía estamos generando una comunidad ballroom en PR desde hace un año. Antes de que LaBoriVogue existiese yo hacía eventos ballroom pero no me atrevo a decir que había una escena o una comunidad como tal. Ese fue el inicio del ballroom o del voguing en PR, pero no sé si en ese momento podíamos hablar de escena en el país.

Las diferencias son que Puerto Rico tiene un sabor cabrón y que en comparación con la escena mexicana a la que fuimos, por ejemplo, el sex siren, la gente aquí en Puerto Rico lo tiene por naturaleza y tal vez para otros países sea un poco más difícil, por una cuestión cultural, llegar al nivel en que nosotres estamos. No como al nivel de ser mejores sino a nivel energético. Esa es una de las principales diferencias que nos llevamos de ese viaje a México. Yo pienso que es normal cuando las escenas se empiezan a configurar. Mientras están en la etapa de ser pequeñas, el sentido de comunidad y de querencia se desarrolla mucho, a diferencia con una escena ya grande y crecida. Pero también siento que hay una manera de gestar el arte y la cultura en PR que es bien distinta a como se gesta la cultura en otros países. La gente que viene aquí a hacer cualquier tipo de arte dice “wow aquí la gente [le mete], dentro de todos los issues”. Como la comunidad de arte es tan pequeña, hay que ayudarnos. Todos nos conocemos y todo el mundo sabe qué es lo que hace cada quien, y hay una fortaleza en eso. Siento que eso se refleja en la escena ballroom también y en lo poco que hemos construido de comunidad y a pesar de que están los subgrupos y los bochinches, sí hay una sensación de comunidad bien bonita, y eso es lo más que ha querido desarrollar el proyecto, más allá de que la gente sea perra bailando, es un espacio de liberación y un espacio para empoderar desde la comunidad.

Fotografía por Rocío Natasha 

2. ¿Qué te inspiró a fundar LaBoriVogue?

Mi maestra de danza (Noemí Segarra Ramírez de PISO proyecto) tiene una consigna que decía “una genera los espacios que una necesita”. A veces uno lo hace consciente o inconsciente. A la larga me he dado cuenta que he generado por mi cuenta un montón de cosas que necesito. No es como que “yo quiero fundar ballroom porque lo necesito”. Es más como que “what am i doing? I’m doing something que es como que OMG yo necesitaba esto tanto y no lo sabía”. Es como Resiqueer, que fue una organización que fundé en la residencia de la universidad. Yo vacilando y de momento se convirtió en una escuela de activismo para mí y también se convirtió en un espacio que necesitaba. Creo que orgánicamente se fue dando de esa manera porque salía de una necesidad genuina. Lo mismo con el ballroom, sentía que necesitaba un espacio de práctica y un espacio para generar jayaera* en la comunidad. La gente necesita mucho los espacios de liberación en la colonia, pero era yo  siguiendo mi instinto, creo. La cosa me tiraba por ahí, me gustaba lo que estaba pasando, era una oportunidad para crecer. Me encanta retarme a hacer cosas nuevas, para mí no es un sufrimiento. 

El primer evento fue entre 2018 y 2019. LaBoriVogue (LBV) más formal surge en el 2020 gracias a la subvención de la Open Society Foundation para generar un circuito de eventos ballroom más sólido, que no fuese en el aire, y no como una cosa que yo hacía desde mi trabajo personal.

3. ¿Han enfrentado retos?

Nuestras primeras prácticas comenzaron siendo en espacios públicos y nuestros primeros balls, los más grandes y mejores han sido en espacios públicos, porque teníamos la intención de visibilizar, sacar el ballroom, las cosas que hacen las dragas y los maricones de la noche y de lo oscuro y lo prohibido, a la luz pública: “no estamos haciendo nada malo, estamos siendo nosotras, miranos voguear en el shopping, o en el parque”. Eso era parte de lo importante y el COVID ayudó a que eso se generase, porque los únicos lugares donde nos podíamos reunir era en espacios públicos. Incluso era más fácil y la gente tenía más confianza de reunirse en un espacio público, donde puedes tener más distancia, que en un espacio cerrado. Al mismo tiempo eso nos ayudó porque no teníamos que limitar el cupo de los talleres. 

El mayor reto ha sido lograr evadir la legalidad y ubicarnos en un espacio de resistencia y autogestión sin obedecer demasiado la ley, siendo irreverentes porque sabemos que no está a nuestro favor, primero, por tiempos de COVID y, segundo, porque somos queer y porque son eventos que tienen otra mirada que no es capitalista y no es heteronormada.

Hay balls en que nos han detenido. El Estado, los municipios se meten, llaman a la policía, cosas así. Nos ha pasado en dos balls (de cuatro en total). Los primeros dos que intentaban ser en Cataño. Al primero llegó un empleado del municipio y nos dijo que estábamos invadiendo propiedad de este, que esa iglesia abandonada era patrimonio histórico, certificado por las oficinas estatales, Nosotres le quitamos la alfombra húmeda, mapeamos, quitamos tierra de adentro, pasamos manguera… así que no sé qué patrimonio histórico.

El segundo, lo comenzamos en otra cancha que el municipio tenía en total desuso. Los vecinos llamaron a la policía y vino a sacarnos porque no teníamos permiso. Fueron también unos twists maravillosos, de una iglesia a un parque al que le dimos vida en un halloween de luna llena, porque también esa es otra situación: los parques en desuso en este país, el espacio público en desuso.  Al final terminó siendo en un residencial:Para mí eso fue fenomenal. 

El mayor reto ha sido lograr evadir la legalidad y ubicarnos en un espacio de resistencia y autogestión sin obedecer demasiado la ley, siendo irreverentes porque sabemos que no está a nuestro favor, primero, por tiempos de COVID y, segundo, porque somos queer y porque son eventos que tienen otra mirada que no es capitalista y no es heteronormada. Ellos dicen: “¿qué es esto, un evento de patos durante COVID?” y utilizan el COVID como la excusa para todo. Esos han sido retos pero al mismo tiempo esa vicisitud ha sido una excelente puerta para generar y potenciar todo lo político que hay detrás de coger un parque sin permiso, para hacer un evento que van más de 500 personas y al otro día nadie se enteró que hubo un degenere en el parque Luis Muñoz Rivera.

4. Puerto Rico es la jurisdicción dentro de Estados Unidos con más asesinatos de personas trans desde el 2019. ¿Cuál crees que es la importancia de un espacio como LaBoriVogue en un contexto como este?

Con la visibilización de quienes somos. Yo siento que LBV no es el único frente, hay muchas otras cosas que están ejerciendo presión, como las mismas noticias de los asesinatos y las mismas compañeras trans que han estado luchando desde hace mucho tiempo en Puerto Rico para ser visibilizadas. El proyecto en sí no está proponiendo ni haciendo nada nuevo, pero sí considero que las artes tienen mucho que ver en el hecho de generar un espacio donde la misma comunidad pueda sentirse empoderada y sanar.

Hay categorías para personas trans, para personas trans masculinas, trans femeninas, no binaries, butchqueen, para todo tipo de expresión de género, para todo tipo de talento: runway, comentation, voguing, vogue femme, pasarela, designing. Hay un espacio para celebrar a todo el mundo en sus distintas manifestaciones y unicidades. Para mí eso es bien importante, que la comunidad lo reconozca, porque en PR todavía hay una segmentación de clase y de género dentro de la misma comunidad (LGBTQ). Están los white gays y los gays a quienes  les encantan las dragas, pero viven en el privilegio masculino y todavía no entienden cómo se comportan las otras manifestaciones y diversidades dentro del espectro, y PR tiene mucha gente que no sabe lo que es el ballroom precisamente porque están en otro viaje generacional y sociocultural. El ballroom se está gestando desde otro lugar, desde otra clase social, desde otros corillos.

Fotografía por Sebastián Ortiz

5. Su último evento celebrado en la isla fue el Ball de Orgullo. Para ustedes, según la descripción del evento, “cada paso es celebración y denuncia”. En este espíritu, plantean el espacio de la pasarela como uno que les “sirve para articular y reclamar el poder que [les] pertenece en todas las esferas, como personas cuirs y como puertorriqueñes”. ¿Pueden hablarnos más de este evento? 

La justicia social yo la veo en el proyecto de dos maneras: 

1) Nos estamos posicionando políticamente desde un lado radical, de manera consciente, porque no estamos ajenos a los issues del país. Nadie está ajeno. Incluso en el ball de halloween del año pasado había una categoría que tenía un twist político, monster with a twist; tenías que venir vestido de un personaje de halloween y tenías que darle un twist político para conectar lo que estaba pasando en el país con el evento. 

Es anacrónico que como comunidad estamos sufriendo tanto y picharle a los problemas, es como “¿qué conversación estamos generando?”. En Puerto Rico se están matando mujeres trans. Ese fue el contexto del ball de halloween, que fue nuestro primer ball, el primer evento queer que se dio después de la pandemia. Estamos aquí porque en verdad nuestra venganza es ser felices, nuestra venganza es divertirnos. 

2) Es un valor que yo saco de PISO, proyecto que se basa en que lo político comienza en lo individual, en el cuerpo. Proponer un espacio colectivo donde la gente pueda usar ese poder individual desde el cuerpo para simplemente pararse en escena cuando hay un montón de gente que tiene miedo, es poderoso. No puede haber acción colectiva si no hay acción individual. Ahí lo estamos ensayando, pero lo ponemos en práctica cuando estamos colectivamente protestando para que Ricky renuncie, o en el ball.Por eso el feminismo es tan importante, porque a las mujeres se les comenzó a restringir su vida y su libertad, desde restringir su cuerpo hasta manipular la manera en que ellas se sientan, se mueven, reaccionan. Y sugerir que en un sex siren tu abras las piernas, es empoderarte desde lo que ha sido reprimido.

6. ¿Cómo ha sido el recibimiento del vogue en Puerto Rico desde las comunidades fuera de la escena queer? ¿Piensas que hay más apertura que hace una década atrás?

Yo siento que aquí los eventos del Ballroom han sido bien famositos porque se ha regado la voz entre la gente de lo fenomenal que está. 1) Porque yo halo un montón de gente como artista y 2) porque  me muevo en muchos corillos, me muevo en la bomba, puedo estar perreando, puedo estar en un museo, en la asociación cristiana. Obviamente el corillo principal es el queer, pero siempre hay invitados, los invitados de los amigos, y de momento son 500, 600 personas que tal vez jamás en su vida han escuchado de lo queer.

En el último ball hubo una categoría de merengue, hablar de la clase social y esa categoría es perfecto porque la mayoría de la gente que compitieron eran visiblemente negras. Las maneras en las que aprendieron el merengue no fue en una academia, venía en la sangre, por las historias de sus familias, su relación con la República Dominicana, y sí siento que ha sido un proyecto bien interseccional de integrar minorías, que la gente lo siga, que la gente pueda ver y estar expuesto a esas cosas. Igual eso trae conflicto y confrontación en muchas ocasiones pero es la única manera en que se puede hacer. La confrontación va a estar en las personas que no se entienden y no se conocen. Por eso es que está el proyecto, para ponerlas a collide para que el mundo cambie y la gente entienda nuestras realidades y nuestras vidas.

Me gusta porque es casi como pedagógico. Gente está viendo algo que nunca se había imaginado. Y están bailando merengue. Y si ya te gusta el merengue es como que; ‘quizás antes yo era un poco homofóbico, pero esta gente le mete al merengue bien cabrón’. 

Sí, sí, porque te hace verlos reales, esta gente es tan real como yo.  

La comunidad queer, por lo menos aquí en PR y en muchas partes de Latinoamérica, se comporta como bien gringolizada, desde los términos que utilizamos en la teoría, hasta las cosas que nos gustan, como Lady Gaga y las divas del pop estadounidense. O sea, a mí me encanta Lady Gaga, y me encanta el animé, me encanta el colliding de culturas, pero yo siento que hay una cosa que está bien pegada al suelo y tiene que ver con entender el contexto y relacionarse con este y para mí, como persona gay y queer, aprendí a bailar merengue en los quinceañeros, y salsa para el prom en la high. Entonces querer negar estas cosas por querer posicionarse en un lugar extraño… habla de clase social. 

Fotografía por Juan Carlos Malavé

7. Háblanos sobre el viaje reciente a México. ¿Les interesa vincularse con otras casas de Vogue en Estados Unidos y Latinoamérica?

Nosotres viajamos a México porque queríamos posicionarnos políticamente desde el lugar de ver y conectar con Latinoamérica, un posicionamiento político de no mirar más al norte. Estamos conscientes que el vogue viene de NY y no queremos picharle a ese dato. Una cosa no implica la otra. nosotres reconocemos la historia del ballroom en sus inicios, yo la amo un montón. Tenemos a NY como norte. Pero también era interesante conectar con historias del surgimiento del ballroom que se parecen más a la tuya. Porque yo puedo ver en cómo comenzó la escena mexicana, similitudes en cómo comenzó la escena aquí. Se aprende de la práctica y ese proceso de improvisación es político, en ese aspecto. Yo lo siento como un issue colonial; el que alguien de US venga a decirme cómo hacer ballroom. nosotres no fuimos a México a enseñarles cómo voguear. Ellos saben voguear. nosotres fuimos a compartir y a dejar saber que estamos aquí y tenemos comunidad.

8. ¿Cuáles son sus proyectos a mediano y largo plazo?

Tenemos un ball el 23 de octubre de Halloween. Tenemos cosas pensadas con la República Dominicana, con la escena de Draggéalo. Tenemos vislumbrado un viaje a NY. Quisiéramos traer personas del ballroom de afuera como Leiomy Maldonado, y otres, a PR, para que participen y nos conozcan. Es un poco llevar mis valores como persona a la manera en cómo produzco y hago eventos, para generar dentro de esos otras narrativas. Que la gente vea que realmente se puede producir arte de otra manera.

 Fotografía por Óscar Díaz 

 *Jayaera: Concepto puertorriqueño que viene de “estar jayá”, de la cantante Macha Colón. Se refiere a una felicidad y efervescencia del ser que también es contestataria o, como la cantante lo define, “hallarse”.

Mell Rivera Díaz es estudiante doctoral de literatura en la Universidad de California. Cuando no hace eso, escribe poemas y graba canciones desde una alumbrada habitación en Puerto Rico.

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