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De la calles a los hogares: la llamarada de cambio que no se extingue

Hoy era el día en que el pueblo de Chile decidiría si quería una Nueva Constitución para el país y la forma en que esta constitución se redactaría. Este plebiscito gestado por los y las habitantes de este país mediante meses de protesta, era un paso decisivo hacia la construcción de un Chile igualitario y libre. El Chile neoliberal que nació con la dictadura y su Constitución ha llegado a su límite y con el Estallido Social del 18 de Octubre las voces de aquellas personas relegadas a los márgenes, al fin se escucharon. 

Debido a la pandemia por COVID-19 este plebiscito fue pospuesto para el 25 de Octubre. Esta crisis sanitaria ha sido otra evidencia de la precariedad del país, por lo que estos meses de cuarentena, además de ser una práctica colaborativa entre nuestros cuerpos, también es una oportunidad para reforzar y re-energizarnos para continuar esta lucha. Si bien nuestro espíritu sigue en lo alto las condiciones actuales afectan a quienes han sido más empobrecidos, por lo que debemos atesorar más que nunca esas energías siguen vivas en nuestros corazones. No olvidemos quienes lucharon desde los múltiples frentes de resistencia que brotaron de norte a sur y que esas experiencias nos sirvan para construir nuevas ideas para cuando las calles se vuelvan abrir.

Protestas por redes sociales, intervenciones digitales, conversatorios y actividades político-culturales en línea, son algunas de las iniciativas que se han realizado desde que comenzó esta pandemia. Estas son una muestra viva de que aquello que nos unió en octubre sigue vibrando y llamándonos a la acción hasta que alcancemos la dignidad que todes nos merecemos. 

En este día, la petición por una nueva Constitución sin duda iba a escucharse fuerte y claro por sobre las pocas voces de aquelles que, cegados por el poder y la codicia, quieren retener sistemas jerárquicos y desiguales. 

Hoy queremos recordar algunas de estas tantas creaciones e intervenciones que reflejan este gran movimiento político, social y cultural que aún se vive en Chile, quizás no en las calles, pero sí en nuestros cuerpos y espacios personales. Dejamos algunos extractos de textos poéticos que surgieron en el Cabildo Poético realizado en Viña del Mar (más información sobre este cabildo aquí), acompañado del trabajo de Amanda Tapia (@amanditapialevi) quien, por medio de estas fotografías análogas, nos acerca a esos momentos de contención y explosión. 

Creando nuestra propia comunidad
las piedras penetraron el orden
arrebujado tras los cristales

El lugar donde habita la lucha
como fantasmas que vociferan su lengua muda
nosotros te olemos, tú nos hueles
ya sabemos que estamos juntos.

Este cadáver colectivo no será escrito en vano
flotará en el agua del cauce común.

De “Este cadáver no será escrito en vano” , Cabildo Poético, Viña del Mar, 2019

Qué futuro te depara, querido niño
no sé ni quisiera saberlo.
Me basta caminar contigo
cerro abajo
rumbo a una actividad cultural
de la cual poco o nada te importa
pero que escuchas respetuoso
y me hagas todas las preguntas del mundo
aunque sean escasas
las certezas que te pueda regalar.

De “Interrogantes del padre y su hijo de 9 años en huelga general”, Claudio Guerrero Valenzuela

No vengas a mirar
los incendios se alimentan
de brazos uniformados
cuerpos
que perdieron extremidades
poco a poco,
misericordia
comeremos sus corazones,
toma y grita la consigna
el silencio es la madre
de toda vida.

De “Los días ya no empiezan con el amanecer”, de Gabriel Trujillo

Mi pierna casi nunca me hace caso, se va para el lado, lleva a mi cuerpo a un vaivén. A veces hay gente que no lo nota precisamente porque sometí a mi cuerpo a un disciplinamiento durante años, precisamente porque me oponía a ser coja, me resistía, porque quería ser normal y ser igual a todas las otras niñas que me rodeaban, aprendí a caminar normal, a hacer el esfuerzo para que no se me notara, a no parecer coja. Pero hace ya varios años me aburrí de eso. Menos mal.

Tenía mucho miedo y estaba tan nerviosa que no paraba de ensayar en mi mente, incluso cuando ya estaba en la mitad de la plaza rodeada de mujeres. La cuestión empezó y mi cuerpo, este cuerpo que tantas veces no me ha respondido dejándome caer en medio de una escala, haciéndome una zancadilla cuando voy caminando un poco más apurada, fue fluyendo como una gran cascada que cae con fuerza y es bella. Mis ojos estaban tapados con una pantie que llevé. Solo miraba para dentro mío. Todo fue perfecto, todo ocurrió como debía, no me noté, todas éramos un solo esquema, por fin pudimos estar en el escenario, todas. Todas fuimos un solo cuerpo perfecto hecho de nosotras, un gran cuerpo perfecto porque se mueve para donde queremos que vaya.

De “Y la culpa no era mía”, de Alejandra González Celis

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