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Retrato de Roma o la violencia del contraste

Situada a inicios de los años setenta, en un barrio construido a principios del siglo XX en Ciudad de México, Roma -homónimo del barrio histórico- se presenta como una versión semibiográfica de la infancia de su director, Alfonso Cuarón. Esta película fue estrenada en Agosto del 2018 durante el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde ganó el León de Oro -el premio más importante-. El pasado 14 de diciembre fue lanzada en Netflix y hasta la fecha ha sido una de las películas más comentadas del 2018.

Roma nos muestra la vida de una familia de clase media. Mientras la madre de este núcleo familiar, Sofía (Marina de Tavira), resiste el quiebre de su matrimonio, sus cuatro hijos son criados y cuidados por Cleo, una joven empleada doméstica de origen oaxaqueño que pronto se revela como el eje central de la historia. En principio, todo parece fluir normalmente, pero muy pronto comienzan a aparecer las sombras. Detrás de la cotidianeidad y la rutina de esta familia y su empleada se manifiesta el contraste social, étnico y de género: aparece la violencia.

La película grabada totalmente en blanco y negro, inmediatamente nos sitúa en el pasado, en el recuerdo. Sin embargo, también nos manifiesta el contraste. El lenguaje visual es rico en bellas, delicadas y luminosas imágenes que pronto muestran su oscuridad. Esto se manifiesta desde el comienzo: durante largos minutos la cámara muestra unas baldosas, el agua enjuagándolas y el reflejo de un avión comercial que pasa sobre la casa. Pronto entendemos lo que está sucediendo: Cleo, la joven empleada, está en el patio limpiando las heces de los perros. De esa pulcra imagen, se nos revela la sombra.

La protagonista es un sujeto triplemente marginal: mujer, pobre y oaxaqueña. Sin embargo, es el personaje principal, el encargado se fusionar dos mundos: la intimidad del hogar de Sofía y la historia de México, de cruzar lo privado y lo público, el punto de encuentro entre la burbuja de una clase social y la realidad. Cleo, el sujeto sin privilegios, fusiona y en ese ejercicio, que además es comparativo, nos enrostra el abuso y la injusticia.

Durante el transcurso de la película se presenta un caleidoscopio de temas: históricos, sociales, étnicos, de clase, de género, etc. Mediante el contraste visual y discursivo, Cuarón sabe cómo presentar la violencia de forma sutil, sin escándalo. Salvo por algunos episodios precisos y necesarios como la mensión a la Masacre de Corpus Christi ocurrida el 10 de Junio de 1971. Hecho histórico en el que una manifestación estudiantil termina con una violenta represión por parte de un grupo paramilitar al servicio del estado. Estas pocas escenas donde la violencia se manifiesta dura y sin filtro nos ponen en contexto y enriquecen la historia. Sin embargo, lo más violento, probablemente, lo vemos en imágenes mucho más pasivas a nivel de acción, pero profundamente significativas a nivel ideológico.

Cuarón logra plasmar el retrato del México de los setenta tomando su infancia como punto de partida sin caer en un collage de clichés. Hace protagonista y da homenaje a ese sujeto sin privilegios y da cuenta de la violencia social con su lenguaje visual y los caminos que recorre su protagonista. Es sin duda una obra bella, un homenaje que parece no bastar, queda chico frente a tanta desigualdad, aunque sin duda es un gran ejercicio de humanidad.

Ficha Técnica

Título: Roma

Producción: Alfonso Cuarón, Gabriela Rodríguez, Nicolás Celis

Guión: Alfonso Cuarón

Protagonistas: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira; Diego Cortina

Género: Drama

País: México

Año: 2018

Viajera, escritora, coleccionista de imágenes y versos, feminista y fotógrafa en proceso.

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