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“Piel verano”: una piel de niña y mujer

 

Luego de participar de antologías y variados talleres de poesía, Cecilia Gajardo aparece para publicar su primer poemario titulado Piel verano. El libro contiene veinticuatro poemas, en las treinta y tres páginas que lo conforman. Es a simple vista un poemario bastante conciso pero que no deja de tener una voz femenina interesante, que pareciera hablar desde momentos cotidianos propios, pero con un cuerpo reconstruido desde el ayer.

El libro abre con un autorretrato, que se construye principalmente en torno a un gran eje, que será recurrente y predominante a lo largo de todo el poemario: el cuerpo. “Soy la que viste/ rojo y cruza las/ piernas/que mantiene la tensión/ en el ceño de los hombres…” (pág.8), se lee en los primeros versos de “Autorretrato”. Sin embargo, de manera paulatina aparece un segundo constructo ligado a este sujeto corporal, que es la infancia. Pareciese que la voz que anuncia estos versos, fuera la de una niña quien nos cuenta distintas facetas de su infancia y que tienen un eco en las imágenes del presente retratado. Los versos “soy la niña odiada por su madre/ teme a la textura/ de mi boca/ me teme porque soy su madre…” (pág. 8), plantean el primer diálogo respecto a esta dualidad niña/mujer que se va desarrollando a lo largo del poemario.

Asimismo, los poemas no solo evocan un cuerpo que se manifiesta a través de esta niña/mujer, sino que también se construye a través de objetos. Estos objetos, además, representan la cotidianidad del sujeto que enuncia. En el poema “Refugio” se retrata a una mujer que “pasa por la multitud de Huérfanos con Teatinos/ y todos le abre paso/ dando una reverencia/ y la sonrisa de su guata desfigura su ombligo/ haciendo cosquillas a sus futuras estrías…” (pág. 19). Es una mujer que se define a través de los espacios cotidianos de la ciudad, como también del cuerpo. El hecho de repreesentar la calle Huérfanos, una calle ampliamente transitada en pleno centro de Santiago, junto con la imagen de las estrías, su ombligo, “un mano que sostiene el bolso”, entrega una noción de un cuerpo que se des-arma en este espacio, “… y todos le ceden el puesto/ pero ella no acepta/ entonces le cuenta un secreto/ a su vientre feliz/ y ambas ríen en el último puesto de la fila del banco” (pág. 19). No es solo un rearme corporal y objetual, sino que también, el cuerpo encuentra un espacio de acogida entrando en sí mismo que, a su vez, es entrar en la niñez.

El poema homónimo al título del libro, hace aún más evidente esta presencia discursiva de la niñez que se remonta constantemente recordando el pasado: “Soñé con mi padre/ me decía: “upa,lala” tomándome en brazos/ mis pies topaban sus rodillas/ y mi peso superaba el pasado” (pág. 21). Luego se describe el momento en que esa niña esperaba largos períodos de tiempo mientras ese padre decía “un trámite más y nos vamos”. De igual manera, a la par de esta voz que se define desde la niñez, se integra la sexualidad como una constante relacionada a lo anterior.

En reiterados poemas se visualiza dicha dicotomía niñez/sexualidad, simbolizada por objetos o el cuerpo en sí mismo: “La niña tiene una leve taquicardia/ escucha ronquidos del hombre/bestia/ la niña toma su muñeca y la mira fijamente/ caen lágrimas frías de sus ojos, pero no los cierra. La bestia y los ronquidos se mueven/ a su entre pierna… barba de dos días irritan sus muslitos” (pág. 23). Así es como la presencia masculina, a través de la barba, la bestia, el hombre/bestia, sexualiza la mirada infantil que el hablante recuerda. Avanzadas unas páginas, aparece lo que podría ser una re-escritura del poema anterior, que se titula “Niña again”. Si bien está compuesto únicamente por dos versos, el poema evidencia esta relación sexualidad-niñez de manera incluso más tangible: “Niña again/ y no me han violado/ no es necesario” (pág. 25).

El libro Piel verano, nos entrega una perspectiva en la voz de una mujer, que emerge de los recuerdos para manifestar una identidad de lo corpóreo. Su construcción por medio de ciertos espacios del día a día, permiten la fácil identificación con el pasado, su pasado. De esta manera, el poemario complementa la mirada actual que recae sobre lo femenino, la mujer y su niñez, dando cuenta de realidades incluso más allá de lo meramente poético.

 

Piel Verano

Cecilia Gajardo

La calabaza del diablo, 2015

35 págs.

Pilar es feminista del sur y Editora General de Zánganos.

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