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La deshumanización del sistema en ‘El origen de la rebeldía’

En la 8va Primavera del Libro, que se realiza año a año en Parque Bustamante (Santiago, Chile), se lanzó la primera novela de Juan Cristóbal Sotomayor, abogado, escritor y editor literario chileno. La obra lleva por título El origen de la rebeldía y fue editada por Viuda Negra. Esta editorial está enfocada en impulsar nuevas voces en el campo escritural chileno y ya cuenta con dos sellos: uno de dramaturgia y otro de narrativa.

El origen de la rebeldía nos revela los pormenores de la fuga de Diego, un transportista escolar, junto a seis alumnos de tercero, cuarto y quinto básico del colegio Winston Churchill de Vitacura. Esto, después de que el “tío de la liebre” se viera envuelto en un enfrentamiento armado dentro de las dependencias del colegio en el que trabajaba. La trama relata las aventuras y desventuras que suceden desde que salen del establecimiento educacional de la zona oriente de la capital hasta el desenlace en los alrededores rurales del Norte Chico (Chile). 

La novela se divide en tres partes, que a su vez se organizan en capítulos. En cada uno de estas subdivisiones se revelan no sólo los acontecimientos, sino también las características y procedencia de los protagonistas. De hecho, cada capítulo lleva el nombre de algún personaje. Esto es importante a nivel simbólico ya que da prioridad al ser humano antes que a la trama misma y tiene que ver con la crítica al sistema socioeconómico actual que cruza toda la novela. Juan Cristóbal Sotomayor cuestiona el orden social que tiende a priorizar el mercado antes que a la humanidad que lo sostiene. 

El primer capítulo habla sobre Diego, el personaje principal. De él se dice que tiene 52 años, no está casado ni tiene hijos y vive en Barrio Yungai (antiguo lugar residencial de la aristocracia chilena del siglo XIX que hoy dista de ser ese lugar lujoso de antaño). La vida de Diego está cruzada por la decepción. En su juventud estudió marketing, pero pronto se dio cuenta que “el marketing se había convertido en una guerra sin cuartel, en una pseudociencia sin ninguna compasión, abiertamente divorciada de la moral” (p. 40). 

Diego, luego de sus estudios, empieza una difícil búsqueda laboral. El protagonista tiene la ética que al mercado le falta y no está dispuesto a trabajar en cualquier cosa. Sin embargo, necesita un empleo y lo encuentra en una industria farmaceútica. Luego de una vida desempeñándose en ese lugar, Diego es despedido sin ninguna explicación ni interés. Este suceso se suma a las decepciones de su vida y acrecienta aún más su naturaleza antisistémica. El protagonista pasa meses encerrado en su casa hasta que decide comprar un transporte escolar. De esta forma, Diego se transforma en “el tío de la liebre”. 

El resto de personajes son estudiantes y pertenecen al sector socioeconómico alto de la ciudad. Sin embargo, son niñes que carecen de cariño. Abandonos, despreocupación y culpas abundan en sus historias de vida y en respuesta a estas carencias van definiendo su personalidad, sus intereses, motivaciones y, lo más importante, van cosechando la rebeldía. Esta actitud de desobediencia, entonces, es la consecuencia de una injusticia, de un maltrato y/o un desinterés. Casi por inercia, esta falta de humanidad es la que los lleva a acompañar a Diego en el escape. Probablemente apuestan por él, porque ven en el “tío de la liebre” el interés que no encuentran en el hogar. 

Sin embargo, más allá de la trama y la construcción de los personajes existe un factor sumamente relevante en la narración. Esta característica es la construcción narrativa por medio del género periodístico. Sotomayor introduce muy hábilmente dentro de su novela algunos recursos del ámbito noticioso y describe la situación desde esa perspectiva de verosimilitud. Así, entremedio de los capítulos es posible encontrar ese lenguaje distante y convincente que tienen los noticieros. 

Con el desarrollo de esta técnica narrativa, el autor logra poner sobre la mesa otra perspectivas de la misma historia. Una visión más “objetiva” y generalizada de los hechos que cambia el valor de los mismos. No obstante, el lector tiene pistas del contexto y de la vida de los protagonistas. Estos datos no los manejan los espectadores ficticios de la novela y los padres de les niñes no son capaces de verlos, pues son un agente más de este juego neoliberal. 

Mostrar estas perspectivas de un mismo hecho no es ingenuo. Las distintas visiones dan a entender que existen distintas realidades, pero también invita a cuestionar lo que entendemos por real, lo que se nos presenta como objetivo. Así, se muestra la humanidad y sensibilidad de Diego y sus pequeños acompañantes versus la banalidad del mundo neoliberal donde la prioridad es el mercado y nunca los afectos. 

El origen de la rebeldía es una obra sencilla y rápida, pero muy directa y crítica. Probablemente no es una historia feliz, ya se ve desde su epígrafe: “A mi hija Agustina. Y a todos los que aspiran a ser adultos, para que no se hagan muchas ilusiones” (p. 7). Sin embargo, la obra da un aire de esperanza que probablemente está depositado en les niñes, en el origen de su rebeldía. Allí donde hay desobediencia y desacato, hay rabia. Ésta a su vez es una posibilidad de cambio, un motor de lucha. La novela es sin duda una lectura que ayuda a comprender el potencial del cariño y la amistad; y, por qué no, también el de la rabia. Un texto muy actual en estos días de injusticias y luchas. 

Viajera, escritora, coleccionista de imágenes y versos, feminista y fotógrafa en proceso.

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