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Antedón: entre el bien económico y la muerte del sentido

Antedón es una novela que pone en tensión el sistema social chileno. Felipe Aichiele se preocupa de que cada estructura textual, junto con su metáfora, sea pensada desde múltiples ángulos. Por eso, en su portada hay iconos en transformación de la imagen humana, mientras en el centro se lee patria, propiedad, familia. La obra es ciencia ficción distópica: una problemática actual que se hace extrema, produciendo como resultado una realidad futura deprimente. En esta, por ejemplo, las personas pueden convertirse en esclavos, pasando a ser propiedad del Estado, lo que el narrador llama un bien nacional de uso público. Los personajes del libro tienen nombres otakus y pokémones, y viven en Puerto Hundido, un Valparaíso precarizado, o en Tres Esquinas, que es una zona rural tan pequeña que no le alcanza para una cuarta esquina. La figura del esclavo en la historia se va armando de manera sutil, pero sabemos que Antedón decide ser un esclavo y se prepara por un año para convertirse en uno.

Por una parte, el autor se preocupa de desestabilizar la estructura de su libro y dice no ser una novela, incluso, interviene una aplicación, llamada ASDFWrite, la que controla y da consejos sobre la narración. Por otra parte, la historia está situada en un futuro distópico en que los personajes son marginales, con nombres como Niith0w_the_Laiis y J0xii_mii3lh, Ayumi_chan y Srto. Soda. Antedón es esclavo de todos ellos. Lo interesante es que el Puerto Hundido y Tres Esquinas no son lugares donde haya esclavos, incluso ambos se perfilan con poco interés por las instituciones y por sus condiciones materiales precarias.

Como es de esperar por la temática abordada, lo sexual es parte de toda la novela. Una de las primeras escenas muestra el protocolo en que Cristhian Antedón pasa de ser ciudadano a ser esclavo. El carabinero R. Órdenes saca una serie de frascos, todos con el logo de la institución, y lo viola. A lo largo del libro, el esclavo será usado sexualmente innumerables veces; sin embargo, no estamos hablando de una persona, sino de un bien de consumo, por lo que la imagen del esclavo se actualiza en función del mercado y cómo este afecta los conceptos que como sociedad utilizamos para designar las instituciones principales de nuestro sistema: Dios, la patria, la propiedad y la familia. La utilización de Antedón, siempre propia de un objeto, será punto clave en sus posibilidades de significación y de atribución de sentido.

Tal vez esta sea la mayor diferencia con la habitual narrativa de esclavos, no hablamos de un sujeto oprimido que sueña con una vida arrebatada, sino más bien de una identidad que media su sentido de ser por medio de las normas e ilusiones del sistema económico capitalista.

¿Por qué Antedón decide ser esclavo? ¿qué le entrega el ya no tener que decidir sobre su vida? ¿por qué abraza con tanta apertura el poder de otros sobre sí mismo? La historia habla de afecto, como tal vez siempre es prudente en tiempos del capitalismo. Los sentimientos del esclavo tienen poco espacio en la novela, Antedón es utilizado muchas veces y muy probablemente el lector se acostumbrará a su situación y llegará un punto en que no será un escándalo la falta de dignidad alrededor de él. Incluso parece no ser un oprobio. La historia da raros momentos en los que él habla de lo que siente; Tres Esquinas lo asusta y sufre con la insustancialidad del pueblo, hasta que un día la Jochi les ofrece a los consumidores de su carrete que lo utilicen: “Al principio se muestran ofendidos por la propuesta, pero ella les explica: -LE PONI OE SI ESTE NO ES NA SI ES UN MANDAO KE YO TENGO ES PIOLA. No siempre funciona, pero gracias a esta estrategia, varias noches en el tubo han dejado de ser imperfectas” (91). La relación que tiene Antedón con su función de esclavo podemos suponer que le crea un propósito. Tal vez esta sea la mayor diferencia con la habitual narrativa de esclavos, no hablamos de un sujeto oprimido que sueña con una vida arrebatada, sino más bien de una identidad que media su sentido de ser por medio de las normas e ilusiones del sistema económico capitalista.

El libro tiene 111 páginas, en las que nos encontramos siempre frente a una propuesta ideológica, tanto desde su estructura de libro como desde sus significados metafóricos. Considero que muchos podrían identificarse con el gesto nostálgico de incorporar a las tribus urbanas de los 2000, actualizándolas en un futuro marginal y pobre. Nos encontramos con una buena novela, configurada desde una crítica profunda que permite focos múltiples de análisis, pero que sobre todo está pensada desde el humor. Una realidad sombría que se presenta desde la ironía y el ingenio, que sorprende en tal vez cada una de sus páginas.

Antedón

Felipe Aichiele

La Calabaza del Diablo, 2015

111 páginas

Claudia es escritora y docente de lenguaje. Está aprendiendo carpintería y canto.

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